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Un piano antiguo es como el vino añejo

Alberto Grätzer  vende pianos por que tiene un vínculo especial con esos instrumentos, aún después de haberlos vendido; los repara y afina.

El salón huele a madera. Porque hay pianos que esperan, mudos, a que alguien los elija. "Este lugar era un taller mecánico. El local estaba para demoler, pero la construcción era muy buena", dice Alberto Grätzer, satisfecho por la remodelación.

En efecto, el lugar tiene detalles acogedores y adecuados para la exhibición de los instrumentos. "Hace poco cumplí dos años con este negocio en Olivos y me siento muy cómodo", dice Alberto Gratzer, mientras invita un café.

Las vueltas de la vida lo trajeron otra vez al barrio donde nació hace 55 años. Lleva más de la mitad de su vida ocupado en la venta de pianos, pero se puede decir, sin miedo a exageraciones, que la música lo acompaña desde que estaba en el vientre de su madre. Se llamaba Susana y fue la introductora en el país de la enseñanza de la flauta dulce.

Su padre, Guillermo, tuvo la feliz inspiración de fundar el Collegium Musicum. "Cuando mi madre estaba embarazada, mis padres se juntaban en la casa de unos amigos para tocar música clásica en un piano. Muchas décadas después me llamaron para afinar ese mismo piano. Los dueños eran un matrimonio que promediaba los 100 años. Al fallecer la pareja se lo compré a la hija. En la actualidad tiene otro dueño, pero lo afino con frecuencia", cuenta Alberto, que es maestro afinador.

Esta relación con los instrumentos es importante a la hora de elegir donde comprar. "No provengo del mundo empresarial, sino del ámbito de la música. Esto me hace tener una visión diferente del negocio.  Siempre atiendo yo y la gente percibe ese vínculo que establezco con los pianos, que continúa incluso después de venderlos", afirma.

El cronista le pregunta si existen particularidades entre los distintos tipos de piano. Alberto se levanta del cómodo sillón donde está sentado y se acerca a uno de ellos. Toca una nota.

"La diferencia entre un piano vertical y otro de cola es igual a la de un auto con un avión. Se debe al sistema de máquinas. El vertical es mucho más complicado por el recorrido de la transmisión; el de cola suena de manera automática. Tiene mayor sensibilidad", explica.

Las piezas clave son la caja armónica y las maderas que se emplean en su confección. "El piano Steinway es brillante y sirve para sala de concierto; el Bechstein es más pastoso, y el Bösendorfer es un piano equilibrado. La verdad es que la persona que dice que sabe mucho de sonido miente."

Además, las fabricas guardan bajo siete llaves los misterios de elaboración, como si fuesen secretos de estado o la fórmula de la gaseosa famosa.

Más allá de las marcas, el entrevistado prefiere los pianos antiguos. "Yo me quedo con un buen piano viejo. Por que todo lo que es la parte técnica se puede hacer a nuevo con repuestos genuinos. El piano antiguo es como el buen vino añejo."

Se sabe que el piano es un artículo suntuario, pero -amén de la crisis- las ventas se sostienen como en 2008. "La gente tiene la necesidad de hacer algo agradable, algo que los aleje de las preocupaciones. Muchos clientes guardan sus pianos en las casas de fin de semana. Por eso elegí la zona norte y sobre todo, por que se observa un gran movimiento cultural. Hay coros, conservatorios y profesores."

Alberto descubrió que los vecinos son localistas y les encanta tener cerca de su casa un negocio igual a los que funcionan en el centro.

"Aquí hay desde pianos caros hasta los más económicos. Ahora tengo varios verticales marca Zeitter & Winkelman. Pianos malos no vendo", afirma.

Con tantos años de actividad, Alberto observó los cambios en el tipo de público que visita el local. En los primeros tiempos era muy común ver al grupo familiar. Luego apareció la gente mayor que -ya jubilada- quería darse el gusta de aprender a tocar. Y en los últimos años reaparecieron los padres con sus hijos.

"El piano a nivel mundial es un objeto en extinción, pero no va a desaparecer nunca por que es el padre de todos los instrumentos", dice Alberto con una sonrisa cómplice. Más datos: el local Alberto Grätzer Pianos queda en J. de Garay 2146, Olivos; 4795-2416; www.agratzerpianos.com.ar.

 

Daniel Artola – La Nación
Sábado 11 de julio de 2009

 



Creado el 23/10/2009.
Etiquetas: Entrevistas
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